LIMA, PERÚ. — Keiko Fujimori, hija del expresidente Alberto Fujimori, se convirtió en la nueva presidenta de Perú, marcando el regreso al poder del movimiento político fundado por su padre y consolidándose como una de las más recientes líderes conservadoras en alcanzar la presidencia en América Latina.
La victoria de Fujimori ha generado reacciones encontradas entre los peruanos. Mientras sus seguidores celebran el retorno de una figura asociada con la estabilidad económica y la lucha contra el crimen, sus críticos recuerdan los años de gobierno de Alberto Fujimori, quien dirigió el país entre 1990 y 2000 y posteriormente fue condenado por corrupción y violaciones a los derechos humanos.
Durante su juventud, Keiko Fujimori ocupó el cargo de Primera Dama de Perú tras la separación de sus padres, convirtiéndose en una de las figuras más visibles del gobierno de su padre.



A sus 51 años, la nueva mandataria ha construido una carrera política propia, aunque mantiene muchas de las posiciones que caracterizaron al fujimorismo, incluyendo una política de mano dura contra el crimen y el respaldo a las políticas de libre mercado.
Durante la campaña electoral prometió combatir la creciente inseguridad que afecta al país, impulsada por la extorsión, la minería ilegal y el narcotráfico. Entre sus propuestas destacan la construcción de cárceles de máxima seguridad, la expulsión de inmigrantes indocumentados involucrados en actividades criminales y nuevas medidas para proteger a jueces y fiscales.
Analistas políticos consideran que uno de sus principales desafíos será gobernar un país profundamente dividido. La estrecha diferencia con la que obtuvo la victoria electoral anticipa una oposición fuerte y una intensa polarización política.
“Será un gobierno difícil debido a la estrecha victoria y a la existencia de una oposición muy agresiva”, señaló Alfredo Torres, presidente de la firma encuestadora Ipsos Perú.
A diferencia de su padre, quien llegó al poder como un outsider político respaldado por sectores populares desencantados con la clase política tradicional, Keiko Fujimori es vista hoy como parte del establecimiento político peruano y una de las figuras más influyentes de la política nacional.
Su llegada al Palacio de Gobierno marca un nuevo capítulo para Perú y reabre el debate sobre el legado político de una de las familias más influyentes y controvertidas de la historia reciente del país.