Santo Domingo Este, RD. – La sombra de las crisis sanitarias del pasado vuelve a cernirse sobre Santo Domingo Este. En las últimas semanas, los residentes de diversos sectores del municipio han alzado su voz de alarma ante la alarmante reaparición de vertederos improvisados y el desbordamiento de los contenedores de residuos sólidos, una problemática que parecía controlada y que hoy amenaza con salirse de las manos de las autoridades locales.
El deterioro del servicio es visible en comunidades tradicionales como Alma Rosa II, Ralma, Villa Duarte, Los Mina y diversos tramos de la carretera de Mendoza, donde los espacios públicos vuelven a lucir repletos de desechos debido a los severos retrasos en las rutas de recolección.

Mas de 55 camiones recolectores de basura dañados en los talleres de la Alcaldía de Los Mameyes. (Fuente Externa)
Un cementerio de chatarra sobre ruedas
De manera paralela al resurgimiento de la basura en las calles, ha quedado al descubierto una preocupante realidad logística en los patios del cabildo. En los talleres municipales ubicados en Los Mameyes y en instalaciones de la avenida Charles de Gaulle, se reporta un verdadero «cementerio» que alberga a más de 55 camiones recolectores fuera de servicio.
A pesar de que la Alcaldía ha intentado desestimar las versiones sobre la parálisis de su flotilla, inspecciones en el lugar confirman que decenas de unidades permanecen varadas por fallas mecánicas crónicas o por detalles de mantenimiento elemental, tales como la falta de neumáticos nuevos y baterías.

Deposito de camiones en Los Mameyes. (Fuente Externa)
La mayoría de estos vehículos forman parte de la flotilla de 50 camiones adquiridos durante la gestión del exalcalde Manuel Jiménez en el año 2023, un proyecto que conllevó una inversión estatal de RD$ 380 millones para la circunscripción 3 y que hoy evidencia serios problemas de sostenibilidad operativa.
Contenedores saturados: Un foco de insalubridad
La estrategia de los contenedores comunitarios, que en principio erradicó muchos focos de contaminación, se ha convertido en un arma de doble filo ante la irregularidad de los camiones. Vecinos denuncian que al alcanzar su máxima capacidad y pasar días sin ser vaciados, los depósitos generan:
Malos olores nauseabundos que afectan las actividades comerciales del entorno.
Proliferación descontrolada de moscas, gusanos y plagas.
Lixiviados (líquidos contaminantes) que corren por las aceras e irrumpen en las viviendas colindantes.

«Vienen personas de otros lugares en vehículos a lanzar desperdicios cuando ven los contenedores llenos; esto ya no se soporta», denunció una residente afectada del sector Invivienda, sumándose al reclamo generalizado de comerciantes que exigen con urgencia la reubicación de estos centros de acopio improvisados por el impacto negativo en la economía local.
La ciudadanía exige una respuesta inmediata de la administración actual, puesto que el trasvase de residuos y las operaciones intermitentes no están dando abasto para la alta demanda de recolección de una de las zonas urbanas más pobladas del país.