Irán.- Lo que comenzó como un reclamo por el costo de la vida ha escalado a una crisis política sin precedentes en Irán. En apenas siete días, la indignación por la inflación y los cortes de energía ha mutado en una ola de protestas que ya envuelve a 60 ciudades, dejando un rastro de sangre con al menos 15 muertos y cerca de 600 detenidos.

Desde Teherán hasta Shiraz, las calles han pasado de los reclamos económicos a las consignas directas contra el sistema de la República Islámica. Mientras las organizaciones de derechos humanos como HRANA y Hengaw denuncian una represión brutal con gases lacrimógenos y armas de fuego, el líder supremo Ali Jameneí mantiene su postura: culpa a «enemigos extranjeros» de orquestar lo que el gobierno califica como simples disturbios. Con una inflación que devora el bolsillo de los iraníes, el hambre parece haber perdido el miedo a la fuerza policial.