La salida del poder del histórico hombre fuerte venezolano Nicolás Maduro abre un escenario de profunda incertidumbre política y un delicado dilema de sucesión para el régimen de izquierda que ha gobernado el país con mano dura durante más de dos décadas.
Según la Constitución venezolana, la transferencia de poder dependerá de cómo el Parlamento —controlado por el oficialismo— califique la ausencia del presidente. El artículo 233 establece que, si el mandatario es declarado “ausente de manera permanente”, debe convocarse una nueva elección presidencial en un plazo de 30 días, mientras que el vicepresidente asume el poder de forma interina.
En ese escenario, la figura clave sería la vicepresidenta Delcy Rodríguez, una de las funcionarias más leales a Maduro. Junto a ella tendría un rol central su hermano, Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional y principal negociador del chavismo en los últimos años. Ambos representan el núcleo duro del poder chavista y serían los principales garantes de la continuidad del sistema.
Existe, sin embargo, una alternativa constitucional: que Maduro sea declarado “temporalmente ausente”. En ese caso, Delcy Rodríguez asumiría la presidencia por 90 días, con posibilidad de una prórroga adicional de otros 90 días, siempre que la Asamblea Nacional lo apruebe. Al final de ese período, los legisladores deberían decidir si la ausencia pasa a ser considerada permanente, lo que obligaría a convocar elecciones.
Hasta ahora, altos funcionarios del gobierno y mandos militares han afirmado que la situación está “bajo control”, aunque no han aclarado públicamente quién asumirá formalmente el poder ni bajo qué figura constitucional. El papel de las Fuerzas Armadas será decisivo, ya que históricamente han sido el principal sostén del chavismo en momentos de crisis.
Mientras tanto, el futuro del régimen es incierto. La posible apertura de un proceso electoral, las tensiones internas dentro del chavismo y la presión internacional podrían redefinir el rumbo político de Venezuela, en lo que podría convertirse en el momento más decisivo del país desde la llegada de Hugo Chávez al poder en 1999.