El Papa Leo elevó una sentida oración este domingo en memoria de las víctimas del tiroteo ocurrido la semana pasada en una iglesia de Minneapolis, en el estado de Minnesota, donde un ataque armado interrumpió una misa escolar y dejó dolor y luto en la comunidad.
Desde la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico, frente a la Plaza de San Pedro, el Pontífice dedicó parte del rezo del Ángelus dominical a condenar la violencia que afecta a los más vulnerables. En inglés, y con tono firme, expresó:
“Nuestras oraciones acompañan a las víctimas del trágico tiroteo durante una misa escolar en el estado norteamericano de Minnesota. Incluimos también en nuestras plegarias a los innumerables niños que a diario son asesinados o heridos en diferentes rincones del mundo. Roguemos a Dios para que ponga fin a la pandemia de armas, grandes y pequeñas, que infecta nuestro mundo.”
La referencia del Papa a una “pandemia de armas” resonó con fuerza en la Plaza de San Pedro, donde miles de fieles escuchaban en silencio. Sus palabras no solo aludieron a la tragedia estadounidense, sino que abrieron una reflexión global sobre el creciente número de menores víctimas de conflictos armados, tiroteos en escuelas y violencia cotidiana.
El Pontífice recordó que, así como la humanidad enfrentó la pandemia del COVID-19 con responsabilidad y cooperación internacional, el mundo debe ahora unirse con la misma determinación para enfrentar otra amenaza que se cobra vidas diariamente: la proliferación de armas y el fácil acceso a ellas.
La oración de Leo se enmarca en un contexto internacional donde múltiples organizaciones humanitarias han alertado sobre el aumento de la violencia armada. Según datos recientes de organismos multilaterales, cada día miles de niños se ven afectados directa o indirectamente por armas de fuego, ya sea en contextos de guerra, violencia urbana o tragedias escolares.
Con su mensaje, el Papa renovó el llamado a los líderes políticos, religiosos y comunitarios a trabajar juntos en favor de la paz y la protección de los más pequeños, recordando que la seguridad de los niños debe estar por encima de cualquier interés político o económico.
En medio de un mundo herido por la violencia, el clamor papal busca despertar conciencias y abrir un camino hacia un futuro en el que la vida, especialmente la de los más inocentes, no quede a merced de las armas.