Agencia: EFE-
New York-Dos demandas federales interpuestas en San Francisco y Nueva York esta semana están poniendo en la mira a Delta Air Lines y United Airlines. Ambas compañías aéreas son acusadas de engañar a los pasajeros al cobrar tarifas premium por asientos anunciados como “de ventana” que, en muchos casos, no cuentan con una vista al exterior, sino que están junto a una pared en blanco. Los demandantes sostienen que, de haberlo sabido, jamás habrían seleccionado ni pagado más por dichos lugares. Los casos fueron presentados como acciones colectivas, lo que permitiría a miles de pasajeros unirse si se determina que la práctica fue generalizada.
La firma legal Greenbaum Olbrantz, que lleva la representación de los pasajeros, afirmó haber recibido “un aluvión de interés” de viajeros que se sintieron estafados y desean formar parte de la demanda. “Es comprensible que la gente esté molesta”, señalaron los abogados. “La mayoría de los estadounidenses vuela en alguna de estas aerolíneas en algún momento, y una gran parte de ellos quiere o necesita un asiento de ventana. Están dispuestos a pagar dinero extra por ese privilegio, pero en muchos casos se les está ofreciendo algo que no cumple con lo prometido”. Estas acciones legales buscan no solo compensaciones económicas, sino también que las aerolíneas modifiquen sus mapas de asientos para dejar de clasificar como “ventana” un lugar que no lo es.
Las quejas de los pasajeros no se limitaron a las cortes: en redes sociales como Reddit, usuarios compartieron fotos y testimonios de lo que califican como un “engaño recurrente”. Algunos clientes incluso denunciaron que estos asientos, además de no tener ventana, ofrecen menos espacio para las piernas y ningún beneficio adicional. Ante el revuelo mediático y legal, tanto Delta como United rehusaron dar comentarios públicos, argumentando que no pueden pronunciarse debido a que se trata de un litigio en curso. Sin embargo, expertos en derecho del consumidor señalan que, si las demandas prosperan, podrían abrir la puerta a cambios en la industria aérea y a un mayor escrutinio sobre cómo se venden los servicios premium a los viajeros.