En República Dominicana, el Día de las Madres no solo se celebra con regalos, flores y cenas familiares, sino también con emotivas visitas a los cementerios. Desde tempranas horas, cientos de ciudadanos acuden a los camposantos para rendir homenaje a sus progenitoras fallecidas. Con flores frescas en mano, velas y oraciones, las personas se reúnen junto a las tumbas para recordar momentos de alegría, anécdotas familiares y agradecer por el legado dejado por sus madres. “Aunque ya no estén físicamente, su amor sigue guiando nuestros pasos”, comentaba emocionada doña Mercedes Gómez, mientras colocaba flores sobre la tumba de su madre.
A las afueras de los cementerios abundan los puestos de flores multicolores y coronas, mientras las filas de vehículos y caminantes se extienden bajo un sofocante calor y complicaciones en el tránsito. Sin importar las altas temperaturas ni los tapones, la tradición de visitar a las madres que partieron se mantiene viva en el corazón de los dominicanos, quienes cada año dedican este día a honrar la memoria de sus seres más queridos, reafirmando que el amor de una madre nunca se olvida.