El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, realizó esta semana una gira estratégica por México y Ecuador, con la lucha contra los carteles como tema principal en su agenda. Durante ambas paradas, Rubio insistió en que Washington asumirá un papel más activo en la región, señalando que el tráfico de drogas representa una amenaza directa para la seguridad hemisférica. “El liderazgo estadounidense está de vuelta en nuestro hemisferio”, declaró el funcionario, al tiempo que prometió mayor cooperación bilateral en materia de seguridad.
El viaje de Rubio coincidió con el traslado de diez aviones de combate F-35 a Puerto Rico, en lo que se interpreta como una demostración del poder militar estadounidense en el Caribe. Según el Departamento de Estado, la Casa Blanca busca enviar un mensaje claro de disuasión a los carteles y a las redes de narcotráfico que operan desde América Latina hacia Norteamérica. “Las sobredosis de fentanilo son la principal causa de muerte entre los estadounidenses de 18 a 45 años. Es una verdadera crisis”, explicó a News Digital TV Tommy Piggott, portavoz adjunto del Departamento de Estado.
La ofensiva, sin embargo, no está exenta de críticas. En el Congreso, varios legisladores demócratas han pedido claridad sobre la legalidad de las operaciones militares en territorio extranjero, mientras que analistas en la región advierten que un enfoque excesivamente agresivo podría tensar las relaciones diplomáticas. El Comité de Inteligencia del Senado espera en los próximos días una sesión informativa bipartidista sobre el reciente ataque a un presunto barco narcotraficante frente a las costas de Venezuela, lo que confirma que esta campaña antidrogas apenas comienza y podría tener un impacto profundo en la política regional.