Por qué el matrimonio es cada vez más para los más pudientes?

Claudio Abreu
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FUENTE EXTERNA

Durante siglos, el matrimonio funcionó más como un contrato económico que como una unión romántica. Las parejas se casaban jóvenes, unían recursos y construían estabilidad juntas. Hoy, sin embargo, ese contrato se ha invertido: la seguridad financiera ya no es el resultado del matrimonio, sino el requisito previo.

A esto los sociólogos lo llaman el modelo “capstone” del matrimonio. En lugar de ser la piedra angular sobre la que se construye la vida, el matrimonio ahora funciona como la culminación: una señal de que dos personas ya alcanzaron cierto nivel educativo, profesional y económico.

Es el caso de Joel y Perla Sánchez, quienes se casaron en febrero de 2025 en Punta Cana. Perla, de 30 años, tiene un grado en criminología y trabaja como entrenadora principal de voleibol en City College. Joel es fundador del Legacy Volleyball Club. La pareja ha logrado cumplir varias metas financieras y profesionales antes de casarse, y planea comprar próximamente una casa en Georgia como parte de su proyecto de vida. Para ellos, la boda fue un símbolo de madurez y estabilidad.

Esta nueva mentalidad está transformando las tendencias matrimoniales en Estados Unidos. Según datos del Censo, la edad promedio del primer matrimonio es ahora de 30 años para los hombres y 29 para las mujeres, un aumento notable respecto a hace poco más de una década. Al mismo tiempo, la tasa de matrimonios ha descendido de manera constante: entre 2008 y 2023, el índice de primeros matrimonios en personas de 22 a 45 años cayó 9%.

Para muchos jóvenes, la razón es económica. Eugene Hopper, ingeniero eléctrico de 34 años en Ohio, lo explica así: tras ingresar al ejército para pagar la universidad y trabajar repartiendo pizzas, siempre sintió que iba “corriendo detrás”. La precariedad financiera, dice, no solo afecta el bolsillo: limita la vida social, las oportunidades de conocer pareja y, finalmente, la preparación para casarse.

Como señala el profesor Brad Wilcox, de la Universidad de Virginia, este cambio cultural convierte al matrimonio en un privilegio reservado cada vez más a los acomodados. Quienes pueden permitírselo no solo celebran el amor, sino también la estabilidad: bodas que se convierten en símbolos de madurez económica tanto como de compromiso romántico.

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