Desde el 14 de julio, los tomates importados desde México están sujetos a un arancel del 20.9 % tras la suspensión de un acuerdo comercial vigente desde 1996. Según el Departamento de Comercio de EE.UU., esta medida busca proteger a los productores locales del “dumping” o venta a precios bajos, aunque empresarios como Teresa Razo, dueña de dos restaurantes en California, temen un impacto devastador en sus negocios debido al aumento de precios. Expertos estiman que el precio al consumidor podría aumentar en un 10 %, mientras que la demanda disminuiría alrededor de un 5 %.
Mientras algunos productores estadounidenses celebran la medida alegando competencia desleal, productores mexicanos como Walberto Solorio la califican como una decisión política sin fundamentos sólidos. Además, sectores empresariales advierten que la volatilidad en los costos afecta la estabilidad financiera, ya que muchos establecimientos dependen del tomate mexicano para sus menús diarios.
A pesar de la medida, compañías como Heinz y DiGiornio no prevén afectaciones al emplear tomates cultivados en EE.UU.; sin embargo, pequeños negocios, especialmente restaurantes, podrían verse obligados a subir precios o incluso cerrar. El ambiente de incertidumbre ha generado preocupación tanto en la industria gastronómica como entre los consumidores estadounidenses.
Fuente: CNN Español.