El departamento de Artibonite, al norte de Puerto Príncipe, se ha convertido en el epicentro de un nuevo capítulo de horror en Haití. Sobrevivientes del reciente ataque perpetrado por la banda armada «Gran Grif» narran escenas de una violencia sistemática que ha dejado un saldo de 70 muertos, una treintena de heridos y un rastro de cenizas en las localidades de Pont Sondé y Jean Denis.
Relatos del horror en la madrugada El ataque, iniciado en la madrugada del pasado domingo 29 de marzo, tomó a las familias por sorpresa. Bazeline Pierre, una de las sobrevivientes, relató a la agencia EFE cómo los hombres armados irrumpieron en su hogar: «Llegaron justo a la entrada de mi casa, pero logré huir. He escapado de las garras de la muerte».

Otros testimonios describen ejecuciones a sangre fría. «A algunos los mataron por la espalda mientras huían. Hay personas que cayeron en pozos tras recibir disparos», continuó Pierre. El caos separó familias enteras; un joven, refugiado ahora en una escuela, confesó entre lágrimas que desconoce el paradero de su pareja y su hijo tras huir bajo el estruendo de los disparos.
Miseria y desplazamiento forzado La masacre no solo cobró vidas, sino que provocó el desplazamiento de más de 6,000 personas. Los sobrevivientes enfrentan ahora una segunda tragedia: el hambre y la falta de refugio.
Condiciones extremas: Familias duermen sobre rocas en las montañas, sin agua, alimentos ni mantas.
Aislamiento: La zona de Carrefour Petit Bois ha quedado desierta; las bandas bloquearon carreteras para impedir la reacción policial.
Hacinamiento: En las escuelas que sirven de refugio improvisado, hombres, mujeres y niños conviven sin mínima intimidad ni higiene.

Un país en manos de las bandas Haití atraviesa una crisis de seguridad sin precedentes. Según cifras oficiales, entre marzo de 2025 y enero de 2026, la violencia de las pandillas ha dejado 5,519 muertos.
La esperanza de los residentes descansa ahora en la nueva Fuerza de Supresión de Pandillas (FSG), un contingente de la ONU liderado por tropas de Chad que comenzó su despliegue este mes de abril. Esta misión sustituye a la anterior estrategia de seguridad (MMS) y prevé contar con 5,500 efectivos para finales de año, con el objetivo de arrebatar el control territorial a los grupos armados y permitir que miles de desplazados, como Amina Daleften y sus tres hijos, puedan finalmente «volver a vivir en su hogar».