MADRID. – La Familia Real española y la Casa Real helena se unen en un profundo luto. Tras el fallecimiento este jueves de la princesa Irene de Grecia a los 83 años, se han dado a conocer los detalles de las exequias que honrarán la memoria de la mujer que fue el apoyo incondicional y la sombra fiel de la reina Sofía durante más de cuatro décadas.
Irene, quien residía en el Palacio de la Zarzuela, falleció tras un periodo de salud delicada. Fiel a su perfil discreto y su profunda espiritualidad, su despedida se dividirá en dos actos significativos que reflejan su doble arraigo en España y su natal Grecia.
Intimidad en Zarzuela y tributo en Madrid
El primer escenario de su despedida es la capilla ardiente privada instalada este mismo jueves en el Palacio de la Zarzuela. Allí, en el calor del hogar que compartió con los reyes Felipe y Letizia, su familia más cercana podrá velarla en la más estricta intimidad durante el viernes.

El sábado 17 de enero marcará el adiós público en España. Los restos mortales de la princesa serán trasladados a la Catedral Ortodoxa Griega de San Andrés y San Demetrio, en Madrid. Este templo, donde Irene acudía regularmente como fiel, recibirá a allegados y miembros de la familia real para una ceremonia recogida pero solemne.
El destino final: El cementerio real de Tatoi
Siguiendo la tradición de la realeza griega, el cuerpo de la princesa viajará a Atenas el lunes 19 de enero. Allí se celebrará el funeral de Estado que culminará con su entierro en el cementerio real de Tatoi.
Irene descansará finalmente junto a sus padres, los reyes Pablo y Federica, y su hermano, el rey Constantino II (fallecido en 2023), cerrando así un capítulo histórico para la dinastía helena.
Un vínculo inquebrantable: La reina Sofía pierde a su «alma gemela» y compañera de vida. Aunque aún no se ha confirmado la presencia oficial de los reyes Felipe y Letizia o de sus hijas en Atenas, se espera que la familia arrope a doña Sofía en este duro trance migratorio y espiritual.
La princesa Irene será recordada no solo por su linaje, sino por su incansable labor filantrópica y esa paz espiritual que la caracterizó hasta sus últimos días en Madrid.