Por Sofía Hernández
Aunque para muchos es una costumbre cotidiana, el acto de limpiarse los oídos con hisopos, palillos u otros objetos puede resultar más dañino que beneficioso, especialistas en otorrinolaringología advierten que el oído humano cuenta con un sistema de limpieza natural y que cualquier manipulación inadecuada puede tener consecuencias graves.
El cerumen, comúnmente conocido como cera, cumple funciones de protección: atrapa polvo, bacterias y partículas externas, además de mantener la piel del canal auditivo lubricada, cuando se introducen objetos para retirarlo, con frecuencia la cera se empuja hacia adentro, provocando la formación de tapones que dificultan la audición, en los casos más delicados, una mala práctica puede ocasionar lesiones, infecciones e incluso la perforación del tímpano.
Los médicos recomiendan limitar la limpieza a la parte externa del oído con una toalla húmeda o papel suave, en caso de acumulación de cerumen que cause molestias, la extracción debe realizarse únicamente bajo supervisión profesional. “El oído se limpia solo, lo que necesita el paciente es dejarlo funcionar de manera natural”, insisten los especialistas.
La prevención, señalan, radica en educar a la población sobre los riesgos de introducir objetos en el canal auditivo, lo que parece una rutina de higiene puede transformarse en un problema de salud evitable con información y cuidado.