En el Día del Sobreviviente de Cáncer, especialistas recuerdan que tocar la campana de la victoria es solo el inicio de una nueva etapa que requiere apoyo integral.
Santo Domingo. – Recibir el alta médica tras vencer al cáncer es, sin duda, uno de los momentos más emotivos y esperados por miles de pacientes y sus familias. Sin embargo, cuando el eco de la «campana de la victoria» se apaga en los hospitales, comienza una etapa de la que se habla poco: la vida como sobreviviente.
Cada primer domingo de junio se conmemora el Día Mundial del Sobreviviente de Cáncer, una fecha que no solo busca celebrar la vida y la resiliencia de quienes superaron la enfermedad, sino también poner sobre la mesa los retos médicos, psicológicos y sociales que persisten mucho tiempo después de que los tratamientos terminan.
El reto de la «nueva normalidad»
A nivel global y local, los avances en la detección temprana y la efectividad de las terapias (como la inmunoterapia y los tratamientos dirigidos) han permitido que la tasa de supervivencia aumente significativamente en los últimos años. No obstante, los especialistas en oncología y psicología médica coinciden en que un sobreviviente no siempre regresa a la misma vida que tenía antes del diagnóstico.
Entre los desafíos más comunes que enfrentan estas personas se encuentran:
Secuelas físicas a largo plazo: Fatiga crónica, dolores neuropáticos, problemas cardíacos o linfedema, dependiendo del tipo de tratamiento (quimioterapia, radioterapia o cirugías) que hayan recibido.
El impacto emocional y el «síndrome de Damocles»: El miedo constante a una recaída o metástasis es una sombra psicológica común. Muchos sobrevivientes experimentan ansiedad, depresión o trastorno de estrés postraumático al reintegrarse a la rutina.
Reinserción laboral y social: Volver al trabajo o mantener el ritmo social previo puede ser complejo debido a la incomprensión del entorno sobre el cansancio acumulado o las visitas médicas de seguimiento.
La necesidad de un cuidado continuo
La conmemoración de este día hace un llamado directo a los sistemas de salud y a la sociedad para crear programas de apoyo post-cáncer. Esto incluye guías de nutrición personalizada, apoyo de salud mental especializado y redes de acompañamiento comunitario.
Ser un sobreviviente de cáncer es un testimonio de fortaleza, pero también un recordatorio de que la atención médica no debe terminar con la última dosis de tratamiento. Brindar un entorno seguro, empático y con un seguimiento médico multidisciplinario es la clave para que estas personas no solo sobrevivan, sino que recuperen una calidad de vida plena y digna.