SANTO DOMINGO. – Las inundaciones que paralizaron la capital este miércoles han reabierto una herida histórica: la fragilidad del sistema de drenaje pluvial. Mientras el Poder Ejecutivo resalta una inversión superior a los 5,000 millones de pesos en la intervención de cañadas, urbanistas y expertos advierten que la ciudad sigue pagando el precio de una planificación deficiente y el «sellado» masivo de sus suelos.

El balance del Gobierno: «Los daños son menores»
Durante una rueda de prensa en el COE, el presidente Luis Abinader defendió las obras realizadas durante su gestión, subrayando que se han construido más de 20 kilómetros de cañadas y otros 50 kilómetros están en proceso. Según el mandatario, estas intervenciones han evitado desastres mayores ante eventos que descargan entre 300 y 400 milímetros de agua.
«No hay sistema de drenaje en el mundo que resista esa cantidad de lluvia en tan poco tiempo», afirmó Abinader, posición respaldada por Juan Manuel Méndez, director del COE, quien recordó que la saturación previa de los suelos impidió cualquier capacidad de absorción natural.

El desafío de la basura y los plásticos
Por su parte, la alcaldesa del Distrito Nacional, Carolina Mejía, puso el foco en la corresponsabilidad ciudadana. Pese a invertir más de 200 millones de pesos en mantenimiento de imbornales, la funcionaria lamentó que la acumulación de plásticos y residuos sólidos sigue obstruyendo los colectores, agravando las inundaciones en sectores vulnerables.

Inundaciones urbanas registradas este miércoles 8 de abril de 2026 en Arroyo Bonito de Manoguayabo, Santo DOmingo Oeste. (Fuente externa)
La visión crítica: «Ingeniería dura vs. Planificación»
Para los expertos, el problema va más allá de limpiar imbornales o canalizar cañadas. El arquitecto Omar Rancier reveló un dato alarmante: solo el 35 % de la ciudad posee un sistema de desagüe pluvial real; el resto depende de pozos filtrantes que colapsan ante eventos extremos.
En esa misma línea, el urbanista Marcos Barinas criticó que se siga apostando por la «ingeniería dura» (tuberías y cemento) en lugar de recuperar espacios verdes y «suelos vivos» que actúen como esponjas naturales. Según Barinas, la ciudad ha sido construida sin control, priorizando la estética sobre la infraestructura vital y postergando planes maestros de drenaje que datan de 1969.