Mientras el Ejecutivo congela tarifas de transporte solo en la capital, el precio del diésel se dispara un 62%, golpeando la logística y el costo de vida en el resto del país.
La luna de miel del nuevo gobierno de José Antonio Kast ha terminado abruptamente. Este jueves, Chile despertó con un panorama económico y social convulso tras la entrada en vigor de un incremento histórico en los combustibles: la gasolina subió un 32% ($370 pesos), mientras que el diésel experimentó un salto sin precedentes del 62% ($580 pesos).
La medida, justificada por el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, como una necesidad fiscal, ha provocado un efecto dominó que ya se siente en las calles y en las cadenas de suministro.
El «muro» de Santiago: El descontento de las regiones
Uno de los puntos más polémicos de la estrategia gubernamental es la focalización de las ayudas. El Ejecutivo anunció el congelamiento del transporte público hasta fin de año únicamente para la Región Metropolitana. Esta decisión ha sido tildada de «centralista» por diversos gremios.
Impacto en pasajes: La Asociación de Buses Interurbanos (ABI) advirtió que los viajes de larga distancia podrían subir entre un 35% y 45%, afectando a 60 millones de pasajeros anuales que no gozarán del subsidio capitalino.
Logística en jaque: El diésel, motor de la distribución del 98% de los bienes en Chile, pasó de $950 a $1.530 pesos por litro. Según la Confederación Nacional de Dueños de Camiones, esto se traducirá en un aumento del 20% en los costos logísticos, que terminarán pagando los consumidores finales en el supermercado.
La primera ley de la era Kast
En una sesión nocturna de emergencia, el Congreso despachó la primera ley de la administración Kast. El texto busca mitigar el impacto mediante:
Contención del keroseno: Medidas para evitar que el combustible de calefacción se dispare durante el invierno.
Bonos compensatorios: Ayudas directas para taxis, colectivos y transporte escolar.
Alivio a Pymes: Cambios en la deducibilidad del IVA para petróleo en empresas no transportistas.
Clima de protesta y blindaje policial
El ambiente en Santiago es de alta fricción. El jueves estuvo marcado por cacerolazos, filas kilométricas en estaciones de servicio y cierres preventivos en el Metro debido a manifestaciones. El centro de la capital amaneció blindado con vallas y un despliegue policial masivo para contener el descontento social por lo que ya se considera la segunda mayor subida de precios en la historia del país.