BEIRUT – En medio de una espiral de violencia que ya ha cobrado la vida de más de 800 personas en apenas dos semanas, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, aterrizó en Beirut con un mensaje directo: la guerra entre Israel y Hezbolá debe detenerse mediante el diálogo, no mediante las armas.
La diplomacia como última frontera Desde la capital libanesa, Guterres fue enfático al descartar cualquier vía bélica como solución definitiva. «Estamos haciendo todo lo posible para lograr una desescalada inmediata» —aseguró ante la prensa—, mientras sus equipos de coordinación mantienen canales abiertos con todas las partes involucradas para forzar una mesa de negociación.
Críticas a los ataques contra la paz El diplomático portugués no solo abogó por el cese al fuego, sino que condenó con firmeza los recientes ataques contra los Cascos Azules de la FINUL en el sur del Líbano. Tras resultar heridos tres miembros del contingente ghanés este mes, Guterres calificó tales ofensivas como «totalmente inaceptables» y advirtió que podrían tipificarse como crímenes de guerra bajo el derecho internacional.
Llamado a la comunidad internacional La situación humanitaria es crítica. Ante el desplazamiento masivo de civiles, el secretario general ha solicitado una inyección urgente de 325 millones de dólares para cubrir las necesidades más apremiantes en el Líbano. Asimismo, instó a fortalecer al Estado libanés y a sus Fuerzas Armadas para que logren la estabilidad interna y el desarme de milicias.
El temor de Turquía La comunidad internacional muestra fisuras y profundas preocupaciones. En Estambul, el canciller turco Hakan Fidan lanzó una advertencia severa, temiendo que el conflicto sirva como fachada para una tragedia mayor: «Tememos sinceramente que Netanyahu emprenda un nuevo genocidio bajo el pretexto de combatir a Hezbolá», sentenció, exhortando a una acción global inmediata antes de que la crisis se torne irreversible.