Por: Karolina Martinez.-
Por años, he seguido a Marisol Rivas a través de las redes sociales, la he visto compartir mensajes de aliento, proyectos comunitarios y momentos que reflejan su compromiso inquebrantable con los demás, aunque intercambiamos mensajes, sentía como si ya la conociera… pero hace apenas unos días tuve el privilegio de verla en persona, y debo confesar que me quedé corta al describir la magnitud del ser humano que es.

Marisol es una mujer polifacética, cuya vida combina liderazgo, empatía y una entrega incondicional que ha sostenido durante décadas, es madre, empresaria, líder comunitaria y fundadora de una organización que lleva esperanza a quienes más lo necesitan.
A través de la Fundación Marisol Rivas, ha tocado incontables vidas: mujeres que han enfrentado el cáncer de mama, personas que requieren equipos médicos, comunidades enteras que encuentran en ella no solo ayuda, sino un abrazo que dignifica.
Pero su impacto no radica únicamente en lo que hace, sino en lo que transmite , Marisol irradia confianza, seguridad y una fe inquebrantable, ha descubierto el amor propio y lo cultiva con la misma pasión con la que impulsa a otros a reconocer su valor, la vida le ha enseñado que la verdadera grandeza humana se refleja en la capacidad de servir, y ella lo hace tan natural y con una conexión especial, de esas que se sienten más allá de las palabras.
Quienes han recibido su apoyo hablan de su calidez, su discreción y su respeto por las historias de cada persona, sus redes sociales no son solo una ventana a su trabajo, sino un espacio donde conecta con los demas , motiva, educa y recuerda que incluso después de los 50 años, las mujeres pueden reinventarse, empoderarse y seguir dejando huellas profundas.

Hoy, 14 de agosto, aprovecho para felicitarla en su cumpleaños, deseándole que la vida le siga regalando salud, fuerza y momentos de alegría, que sus sueños continúen floreciendo y que la inspiración que siembra en cada paso se multiplique.
Marisol Rivas no es solo un nombre o una marca personal: es un ejemplo vivo de que cuando el corazón guía, no hay límites para lo que se puede lograr.