En Brasil, ha ganado notoriedad el creciente interés por los “bebés reborn”, figuras hiperrealistas elaboradas artesanalmente en silicona o vinilo que imitan de forma impactante a recién nacidos. Estos muñecos, que pueden incluir detalles como venas, lágrimas o incluso realizar acciones como alimentarse o mojar el pañal, han generado tanto fascinación como debate.
Figuras como Gabi Matos, joven influencer con más de un millón de seguidores, comparten en redes su rutina diaria con estos muñecos, despertando tanto admiración como críticas severas, especialmente tras viralizarse un evento con escenificación de un parto ficticio.
Este fenómeno ha desatado una discusión pública que involucra desde opiniones de celebridades hasta propuestas legislativas. Mientras algunos lo ven como una afición inocente, otros lo perciben como un comportamiento perturbador.
Incluso se han presentado iniciativas en el Congreso brasileño que sugieren desde ofrecer apoyo psicológico a los involucrados, hasta establecer sanciones para quienes intenten aprovechar estos muñecos para beneficios institucionales, como recibir atención prioritaria. En Río de Janeiro, las autoridades locales han llegado a establecer un simbólico “Día de la cigüeña reborn”.
Expertos en salud mental como la psicóloga Viviane Cunha aclaran que solo representa un trastorno si conlleva consecuencias negativas en la vida social o laboral. Ella relaciona el auge del fenómeno con la búsqueda de vínculos afectivos ante la creciente soledad.
Por su parte, Matos critica el tono misógino de la controversia, argumentando que mientras pasatiempos masculinos se ven como normales, las mujeres que cuidan muñecos son tildadas de inestables. A pesar de la polémica, para muchas personas, los «reborn» representan más que un juguete: simbolizan afecto, arte y compañía.