El Papa Francisco ha expresado con claridad dónde quiere reposar cuando parta de este mundo. Rompiendo con la costumbre tradicional, no será sepultado en la cripta de la Basílica de San Pedro, donde descansan muchos de sus predecesores.
En su lugar, ha pedido ser enterrado en la Basílica de Santa María la Mayor, en Roma, un templo fuera del Vaticano que tiene un valor muy especial para él, allí se encuentra el icono de la Virgen Salus Populi Romani, protectora de la ciudad, a quien el Papa siempre mostró una gran veneración, antes y después de cada viaje, solía ir a ofrecerle flores, como signo de gratitud y fe, de hecho, una de sus últimas visitas antes de morir fue precisamente a esa basílica, en silla de ruedas, llevando una ofrenda con profundo amor.
El funeral del Papa Francisco también será distinto a los de otros pontífices, en lugar de utilizar tres ataúdes (uno de ciprés, otro de plomo y uno más de roble), como se hizo con Juan Pablo II y Benedicto XVI, su cuerpo será colocado en un solo féretro hecho de madera y zinc, además, no habrá una despedida privada para las autoridades del Vaticano; el cuerpo será expuesto directamente en la Basílica de San Pedro, accesible para el pueblo. Otro detalle significativo es que su ataúd no estará elevado sobre un catafalco, sino colocado al nivel del suelo, como símbolo de sencillez y cercanía.
Incluso el lenguaje que se usará durante las ceremonias fúnebres refleja su deseo de humildad. En vez de títulos grandilocuentes como “Sumo Pontífice”, se emplearán palabras más sencillas como “Papa”, “Obispo de Roma” y “Pastor”.
Estas modificaciones no son casuales: fueron introducidas por el propio Francisco en noviembre de 2024, cuando el Vaticano publicó una nueva versión del manual litúrgico que regula los funerales papales. Con estas decisiones, el Papa deja un testimonio coherente con su vida: una existencia marcada por la humildad, la fe sencilla y el amor profundo por el pueblo y por María.
Resumen realizado de varios medios internacionales.